Síncopes
Uno de los propósitos de año nuevo que se me acaban de ocurrir ahorita mientras leía es postear más en este mi sacrosanto espacio bloguero. Y una de las cosas que quiero postear más es poesía que me gusta.
En esta ocasión estoy leyendo Síncopes, de Alan Mills (Guatemala, 1979), con el cual colaboré en Plan B los pedacitos de temporadas que ésta salió. Me gusta mucho el trabajo de Alan, porque tiene cierta poética de lo terrible que me encanta (que creo comparte con otros poetas de nuestra generación como Héctor Hernández Montesinos, por ejemplo). Esa carga es algo que no se puede poner en la poesía si no la traes por dentro, a riesgo de ser un poeta fársico más, poeta oportunista. Alan no es así, Alan es terrible de corazón y por eso es un poeta que leo cuando puedo. Además somos de la misma edad.
Cuando uno lee estos poemas no puede hacer más que oídos sordos a los que nos critican por ser poetas mexicanos "sudaquizados", o en este caso "centraquizados". Pero bueno, prefiero eso a ser un poeta "fonquizado", verdad.
He aquí un pedacito:
En esta ocasión estoy leyendo Síncopes, de Alan Mills (Guatemala, 1979), con el cual colaboré en Plan B los pedacitos de temporadas que ésta salió. Me gusta mucho el trabajo de Alan, porque tiene cierta poética de lo terrible que me encanta (que creo comparte con otros poetas de nuestra generación como Héctor Hernández Montesinos, por ejemplo). Esa carga es algo que no se puede poner en la poesía si no la traes por dentro, a riesgo de ser un poeta fársico más, poeta oportunista. Alan no es así, Alan es terrible de corazón y por eso es un poeta que leo cuando puedo. Además somos de la misma edad.
Cuando uno lee estos poemas no puede hacer más que oídos sordos a los que nos critican por ser poetas mexicanos "sudaquizados", o en este caso "centraquizados". Pero bueno, prefiero eso a ser un poeta "fonquizado", verdad.
He aquí un pedacito:
maese Perro, ládreles mientras cogen en ese hotel tan sucio, maese, porque ya no lo soporto, así al menos el ruido y esta porfía quizá rocen algún dulzor para mis adentros, ella se pegó al otro, de ahí que me ofenda tanto su silencio, estoy de pie junto a la ventana y han decidido no gemir, menosprécienme cabrones, yo hablaré con maese Perro aquí afuera de este hotel tan shuco, sí pisados, mancillen mi amor, sáquense fotos velludas y luego mándenmelas por Hotmail, pero griten, quiero escucharlos tras los ladridos de mi perro, necesito un barullo tremendo, deseo escuchar esos jadeos con que me burlan, ládreles maese, aquí muerdo



