Los cuerpos cuerpos
A últimas fechas mi gusto por los cuerpos ha cambiado radicalemente. Alguien por ahí podría decir que lo que pasa es lo que le pasa a todos los treintones: que se me está emparejando el gusto; pero lo cierto es que no.
Por alguna razón que desconozco un día me levante y dije: sopas, me gusta mi cuerpo. Y cuando salí a la calle me gustaron los cuerpos que vi. No todos, sólo los cuerpos que son correspondientes, que armonizan con la persona que los lleva puestos. No sé si me explico.
Tengo dos meses sin ir al gym. No por huevón sino por pobre. Claro que ahora que consolide todas mis deudas podré contar de nuevo con capital para embellecerme. Pero me gusta mi cuerpo así justo como está ahora. Y justo así me gustan los cuerpos de los demás: simples pero particulares, correspondientes, suaves, normales. Me gustan los cuerpos que son el resultado del cuidado y la buena vida.
Cierto, admiro profundamente la obsesividad que requiere ser un Sergio Meléndez, por ejemplo. Pero no me gusta. Es como ver algo que no existe, y además es un enorme insulto al cuerpo. Yo prefiero los cuerpos que se fueron haciendo con la vida, que cuentan una historia, que muestran una edad.
Mi cuerpo tiene al fin una personalidad. Al fin me representa. Ahora que vuelva al gym, porque creo que es importante para mi salud mental, voy a cuidar mi cuerpo. Que tampoco es bueno dejarlo a la buena de dios. Pero quiero que me cuerpo siga siendo mi cuerpo.
Por alguna razón que desconozco un día me levante y dije: sopas, me gusta mi cuerpo. Y cuando salí a la calle me gustaron los cuerpos que vi. No todos, sólo los cuerpos que son correspondientes, que armonizan con la persona que los lleva puestos. No sé si me explico.
Tengo dos meses sin ir al gym. No por huevón sino por pobre. Claro que ahora que consolide todas mis deudas podré contar de nuevo con capital para embellecerme. Pero me gusta mi cuerpo así justo como está ahora. Y justo así me gustan los cuerpos de los demás: simples pero particulares, correspondientes, suaves, normales. Me gustan los cuerpos que son el resultado del cuidado y la buena vida.
Cierto, admiro profundamente la obsesividad que requiere ser un Sergio Meléndez, por ejemplo. Pero no me gusta. Es como ver algo que no existe, y además es un enorme insulto al cuerpo. Yo prefiero los cuerpos que se fueron haciendo con la vida, que cuentan una historia, que muestran una edad.
Mi cuerpo tiene al fin una personalidad. Al fin me representa. Ahora que vuelva al gym, porque creo que es importante para mi salud mental, voy a cuidar mi cuerpo. Que tampoco es bueno dejarlo a la buena de dios. Pero quiero que me cuerpo siga siendo mi cuerpo.
